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10 mayo 2014 6 10 /05 /mayo /2014 18:10

sede vacante

Por ejemplo, si alguien realmente cree en tres dioses diferentes y no en un Dios en tres personas divinas, ese tal no es católico. Esto vale incluso si nunca se le enseñó la verdadera doctrina sobre la Trinidad. Él no es católico, ya que su creencia contradice un misterio esencial que debe conocer para guardar la verdadera fe.

Del mismo modo, si alguien cree que las otras religiones, como el islam, el judaísmo, etc. también son buenas, entonces aquel no cree que Cristo (y, por extensión, su Iglesia) es la única verdad. Si alguien no cree que Cristo (y, por extensión, su Iglesia) sea la única verdad, entonces no tiene la fe católica. Esto vale incluso si nunca se le enseñó la verdadera doctrina al respecto, por eso el Papa Pío XI dice que se aparten de la verdadera religión todos cuantos sustentan la opinión de que todas las religiones “son, con poca diferencia, buenas y laudables”.

Papa Pío XI, Mortalium animos, # 2:

“Tales tentativas no pueden, de ninguna manera o católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios26.

 Pues ya hemos demostrado que Benedictopredecesores ”XVIcreen queyel judaísmo,sus“el islam, etc. son buenos. Benedicto XVI incluso fue iniciado en el islam en una mezquita el 30 de noviembre de 2006. Él y sus “predecesores” elogianesasreligiones. Benedicto XVI específicamente calificó de “noble”al islam y dijo que representa la “grandeza”. No es posible que él crea en esto y sea un “hereje material”católico, puesto que él no cree en un misterio esencial que debe sostenerse para guardar la verdadera fe, esto es, que Cristo es la única verdad. Por lo tanto, Benedicto XVI no es católico.

Esto también se prueba desde otro ángulo. Puesto que es un misterio esencial de la fe católica que Cristo (y, por extensión, su Iglesia) es la única verdad, se sigue que los que creen en este misterio también sostienen que la Iglesia de Cristo debe ser creída. Esta es la enseñanza del Papa León XIII.

Papa León XIII, Satis cognitum, # 13, 29 de junio de 1896:

No puede creerse que guardéis la fe católica los que no enseñáis que se debe guardar la fe romana27.

Si alguien cree que la religión católica no tiene que ser aceptada por los no católicos, entonces no es un católico. Como hemos demostrado, los antipapas del Vaticano II enseñan que la religión católica no tiene que ser aceptada por los no católicos; ellos enseñan específicamente que los cismáticos orientales no tienen que convertirse a la fe católica.

Pablo VI, Declaración Conjunta con el “Papa”cismático Shenouda III, 10 de mayo de 1973:Pablo VI,“ Obispo de Roma y Papa de la Iglesia católica, y Shenouda III, Papa de Alejandría y Patriarca de la Sede de San Marcos (…) En el nombre de esta caridad, rechazamos todo tipo de proselitismo (…) Qué cese donde quiera que exista…”28.

Juan Pablo II, Homilía, 25 de enero de   1993:Diceel documentode la Comisión

Pontifica para Rusia que, ‘La forma en que se logra la unidad cristiana, de hecho, no es por el proselitismo, sino por el diálogo fraternal…’”29.

Benedicto XVI, Discurso a los protestantes en la Jornada Mundial de la Juventud, 19 de agosto deYahora2005:preguntémonos:“ ¿qué significa restaurar la unidad de todos los cristianos? (…esta) unidad no significa lo que se podría llamar el ecumenismo de regreso, es decir, renegar y rechazar la propia historia de la fe de cada uno. ¡De ninguna manera!30

Además…

La ley de la Iglesia presupone pertinacia en la herejía a menos que se pruebe lo contrario.

Además de los hechos anteriores que demuestran que los antipapas del Vaticano II son definitivamente herejes formales, la presunción de la ley está en contra de ellos:

 Canon 2200 §2, Código de DerechoQuebrantaCanónicoexternamentedela 1917: “ ley, hay presunción de dolo [malicia] en el foro externo, mientras no se demuestre lo contrario”.

 Un comentario sobre este canon del Rev. Eric F. Mackenzie, A.M., S.T.L., J.C.L, afirma que:

La comisión misma de cualquier acto que signifique herejía, por ejemplo, la declaración de alguna doctrina contraria o contradictoria a un dogma revelado y definido, da motivo suficiente de presunción jurídica de depravación herética (…) Circunstancias justificantes deben probarse en el fuero externo, y la carga de la prueba recae en la persona cuya acción ha dado lugar de amonestación de herejía. A falta de dicha prueba, todas las excusas se presumen que no existen31.

Los antipapas del Vaticano II no sólo han hecho literalmente cientos de declaraciones contrarias al dogma revelado y definido, sino que también de forma explícita se han declarado estar en comunión –dentro de la misma Iglesia –con los cismáticos y herejes. Además, ellos han confirmado estas declaraciones con sus actos que manifiestan aún más su lealtad a la herejía, tal como la communicatio in sacris (la comunicación en las cosas sagradas) con diversas falsas religiones. Por lo tanto, ley o el espíritu de la Iglesia no excusa a alguien que públicamente difunde la herejía, sino más bien se presume su culpabilidad.

 Papa Inocencio IV, Primer Concilio de Lyon, 1245:

“La civilleydeclara que aquellos deben ser considerados como herejes, y deben ser sometidos a las sentencias dictadas contra ellos, incluso quienes por una leve evidencia se descubre que se han extraviado del juicio y del camino de la religión católica32.

 San Roberto Belarmino explica por qué debe ser así.

San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, II, 30:

“…pues el hombre no está obligado, o en condiciones de leer corazones, pero cuando ven que alguien es hereje por sus obras externas, lo juzgan puro y simple como un hereje, y lo condenan como tal”.

 También una simple ilustración demostrará por qué esto debe ser así.

Supongamos que usted tiene algunas ovejas y usted designa a un pastor que cuide de ellas. Supongamos que un día el pastor se convierte en lobo y empieza a comerse las ovejas, desgarrándolas en pedazos. ¿Podría usted, que solo busca el bienestar de estas ovejas, conservar al lobo como “pastor”delasovejas? ¿Les exigiría a las otras ovejas que aún no han sido devoradas que se sometan al pastor convertido en lobo, y por lo tanto, colocándolas en estado de peligro próximo para ser devoradas? Por supuesto que no, ni tampoco Dios lo haría.

Dios nunca permitiría que alguien que promueve la herejía manifiesta en el fuero externo (independientemente de cuáles sean sus intenciones) conserve esa autoridad en la Iglesia ni le exigiría a los católicos que se le sometan. Recuérdese que la herejía mata el alma. Supongamos que el lobo de nuestra historia sólo tiene hambre o ha tenido un mal día. ¿Esto cambia el hecho de que las ovejas estén siendo eliminadas? No.

 Por otra parte, ¿qué lobo que tratase de engañar a la gente se declararía abiertamente no ser un católico o un enemigo de la Iglesia?

 Mateo 7, 15: “Guardaos de losque vienenfalsosvosotros disfrazadosprofetasconpieles de ovejas, mas por dentro son lobos voraces”.

No hay forma más eficaz para ayudar a un falso profeta que en insistir que él, a pesar de su profesión pública de la herejía, sigue manteniendo autoridad en la Iglesia. El Papa San Celestino, al tratar sobre el caso del hereje Nestorio, confirma autoritariamente el principio de que no podemos considerar a un hereje público como a una persona con autoridad. Nestorio, patriarca de Constantinopla, comenzó a predicar la herejía de que María no era la Madre de Dios. Los fieles reaccionaron rompiendo la comunión con él puesto que se dieron cuenta que Nestorio predicó herejía pública y notoria, por lo cual ya no podía tener autoridad en la Iglesia católica. La siguiente cita del Papa San Celestino se encuentra en De Romano Pontifice, la obra de San Roberto Belarmino.

 El Papa San Celestino:

 “La autoridad de Nuestra Sede Apostólica ha determinado que el obispo, el clérigo, o un simple cristiano, que haya sido destituido o excomulgado por Nestorio o sus seguidores, después de que éste último comenzó a predicar la herejía, no serán considerados depuestos o excomulgados. Porque el que ha desertado de la fe con tales pronunciamientos, ya no puede deponer ni prohibir a nadie en absoluto33.

 El Papa Pío IX confirma este principio al enseñar que el delincuente es considerado hereje o cismático aunque no haya sido declarado por la Santa Sede como tal.

 Papa Pío IX, Quartus supra, # 12, 6 de enero de 1873:

 “Dado que la facción de Armenia es así, ellos son cismáticos aun cuando todavía no hayan sido condenados como tales por la autoridad Apostólica34.

 Por eso los santos, los teólogos, los doctores, los canónigos y los Papas que hablan acerca del “papa herético”evitan los términos herejía “material”y “formal”, ya que estos son términos que implican una sentencia del fuero interno. Ellos más bien utilizan palabras como: pública, manifiesta, notoria, etc. –términos que corresponden al fuero externo.

 F.X. Wernz, P. Vidal (1943):

 “El Romano Pontífice, caso de caer en herejía de manera notoria y abiertamente revelada, por ese mismo hecho se considera estar privado del poder de jurisdicción, incluso antes de cualquier sentencia declaratoria de la Iglesia…”35.

 Canon 192, Código de Derecho Canónico de 1917:

 “Se incurre en la privación del oficio por el mismo derecho o por un acto del Superior legítimo”.

 Canon 188 §4, Código de Derecho Canónico de 1917:

 “En virtud de renuncia tácita (silenciosa) admitida por el mismo derecho, vacan ipso facto, y sin ninguna declaración, cualesquiera oficios, si §4 (Apostata…)públicamente de la fe católica”.

 ¿Qué es una defección pública de la fe?

 Canon 2197 §1, Código de Derecho Canónico de 1917:

 “El delito es: §1 Público, si ya está divulgado, o si fue cometido o se halla en tales circunstancias que puede y debe juzgarse prudentemente que con facilidad habrá de adquirir divulgación…”.

 Por lo tanto, hemos demostrado detalladamente por qué es totalmente falso afirmar que los antipapas del Vaticano II sean meramente “herejes materiales”. No pueden ser herejes materiales porque: 1) conocen muy bien los dogmas que ellos niegan; 2) están obligados a conocer la fe católica como “obispos”, especialmente los dogmas que ellos niegan; y 3) ellos carecen de la fe y contradicen los misterios esenciales de la fe que se deben guardar para ser católico.

5ª objeción: La Iglesia no puede existir sin un Papa, o al menos no puede existir durante cuarenta años sin un Papa, como dicen los sedevacantistas…

Respuesta: La Iglesia ha existido por años sin un Papa, y eso ocurre cada vez que un Papa muere. La Iglesia ha experimentado un interregno papal (es decir, un período sin un Papa) más de 200 veces a lo largo de su historia. El interregno papal más largo (antes de la apostasía del Vaticano II) fue entre los Papas San Marcelino (296-304) y San Marcelo (308-309). Ese interregno duró más de tres años y medio(36). Además, los teólogos enseñan que la Iglesia puede existir, incluso por décadas sin un Papa.

 "EL P.  EDMUND  JAMES O'REILL DESTRUYE  Y EL ARGUMENTO DE LOS ANTI-SEDEVACANTISTAS SOBRE LA DURACIÓN DE UN INTERREGNO PAPAL (PERÍODO EN QUE NO HAY UN PAPA), MEDIANTE LA ENSEÑANZA DE QUE LA IGLESIA PUEDE EXISTIR SIN UN PAPA POR DÉCADAS".-

El P. Edmund James O’Reilly fue un teólogo eminenteAlescribir que vi después del Vaticano I y de sus definiciones sobre la perpetuidad del oficio papal, él enseña que Dios podría dejar a la Iglesia sin un Papa por más de 39 años, por ejemplo: la duración del Gran Cisma de Occidente (1378-1417). La siguiente cita   del   Padreserefiere alO’ReillyGranCismadeOccidente:

“Podemos detenernos aquí para indagar acerca de lo que se ha dicho de la posición, en esa época, de los tres reclamantes, y sus derechos respecto al Papado. En primer lugar, durante todo el período, desde la muerte del Papa Gregorio XI en 1378 –con excepción, por supuesto, de los intervalos entre  muertes y elecciones para llenar las vacantes  que  por  ello  se  creaban  –. Hubo  en  cada  momento  dado  un  Papa verdaderamente investido de la dignidad del Vicario de Cristo y Cabeza de la Iglesia, cualesquiera  hayan  sido  las  opiniones  que  pudieron  existir  en  cuanto  a  su autenticidad; no habría sido imposible o inconsistente con las promesas de Cristo el que haya habido un interregno que cubriera todo el período, porque esto de ninguna  manera  ha  sido  manifestado si  bien  que,  de  hecho,  no  hubo  tal interregno”37.

El P. O’Reilly–quien fue uno de los teólogos más eminentes del siglo XIX –dice que un interregno (un período sin un Papa), que abarque todo el período del Gran Cisma de Occidente no es en absoluto incompatible con las promesas de Cristo sobre su Iglesia.  El período del cual está hablando el P. O’Reilly con la muerte comienzó del Papa Gregorioen XI y 1378 finalizó es encialmente en 1417, cuando fue elegido el Papa Martín V. Eso sería un interregno de 39 años (período sin un Papa).

Es obvio que el P. O’Reilly está del lado de aquellos que, al rechazar a los antipapas del Vaticano II, mantienen la posibilidad de una vacante en la Santa Sede por un período largo. De hecho, en la página 287 de su libro,proféticaeladvertencia:P.O’Reilly  escribe   esta “El gran cisma de Occidente me sugiere una reflexión que me tomo la libertad de expresar aquí. Si este cisma no hubiera ocurrido, la hipótesis de que tal cosa sucediera, parecería a muchos algo quimérico [absurdo]. Ellos dirían que no podría ser; Dios no permitiría que la Iglesia llegara a una situación tan infeliz. Las herejías podrían surgir y extenderse y durar penosamente por mucho tiempo, lanzando a la defección y a la perdición a sus autores y cómplices, con gran peligro también para los fieles, aumentado por las reales persecuciones en los muchos lugares donde dominan los herejes. Pero que la verdadera Iglesia pueda permanecer entre treinta y cuarenta años sin un Jefe bien elegido y representante de Cristo en la tierra, esto no podría ocurrir. Sin embargo, ello ha ocurrido, y no tenemos ninguna garantía de que no volverá a ocurrir otra vez, aunque fervorosamente deseamos lo contrario. Lo que puedo inferir es que no estamos muy aptos para pronunciarnos sobre lo que Dios puede permitir. Lo que sí sabemos con absoluta certeza es que Él cumplirá sus promesas. (…También) podemos confiar que Él hará mucho más de lo que se ha obligado a Sí mismo por sus promesas. Podemos mirar hacia adelante con esperanzadoras probabilidades de que no vuelvan a ocurrir el futuro algunos de los 

problemas y desgracias que han acontecido en el pasado. Pero nosotros, o nuestros sucesores en las futuras generaciones de cristianos, quizás verán males más extraños que los que ya hemos experimentado, incluso antes de la inmediata aproximación del gran fin de todas las cosas en la tierra que precederá el día del juicio. Yo no me declaro un profeta, ni pretendo ver infelices sucesos, de los que no tengo conocimiento alguno. Todo lo que trato de dar a entender es que las contingencias en relación con la Iglesia, que no están excluidas por las promesas divinas, no pueden ser consideradas como prácticamente imposibles, sólo porque ellas serían terribles y peligrosas en un grado extremo38.

 Esto es un punto excelente. El P. O’Reilly está diciendo que si el Gran Cisma de Occidente nunca hubiera ocurrido, los católicos dirían que tal situación (tres reclamantes al Papado sin que se pudiera comprobar por décadas quién era la verdadera cabeza) sería imposible –al igual como dicen aquellos que la “tesis” sedevacantista  es imposible, en que escierto. a pesar que:

 El P. O’Reilly dice el que, Gran Cisma habiendo de Occidente, no tenemos ocurrido ninguna garantía que no ocurran cosas peores que no estén excluidas por las promesas divinas. No hay nada en contra de la indefectibilidad –que es una de las propiedades esenciales de la Iglesia –el decir que no hemos tenido un Papa desde la muerte de Pío XII en 1958. Todo estaría más bien en contra de la indefectibilidad de la Iglesia católica si afirmáramos que fueron Papas verdaderos los que promulgaron el Vaticano II, junto con apoyar oficialmente a las religiones falsas y paganas, promulgar la Nueva Misa protestante, y sostener que los no católicos no necesitan convertirse para la salvación. Que la Iglesia esté sin un Papa por un largo período en la Gran Apostasía es el castigo infligido por Dios a nuestra generación por la maldad del mundo.

 La profecía de San Nicolás de Flüe (1417-1487): “La Iglesia será castiga mayoría de sus miembros, grandes y pequeños, se pervertirán. La Iglesia se hundirá más y más, hasta que, finalmente, parecerá haber quedado destruida, y la sucesión de Pedro y de los demás Apóstoles parecerá haber terminado. Pero después de esto, será exaltada triunfalmente a la vista de todos los que dudaban”39.

6ª objeción: Las definiciones del Vaticano I sobre la perpetuidad del oficio papal contradicen las afirmaciones de los sedevacantistas.

Respuesta: Los dogmas del Vaticano I no se contradicen con una vacancia de la sede papal, de hecho, son aquellos que rechazan a los antipapas del Vaticano II los que aceptan consecuentemente estos dogmas papales, ya que Benedicto XVI los rechaza totalmente.

 RESPUESTAS A LOS PASAJES ESPECÍFICOS DEL CONCILIO VATICANO PRIMERO QUE SON CITADOS POR LOS ANTI-SEDEVACANTISTAS –Y LO ABSURDO DE UN “PAPA”QUE NO CREE EN EL VATICANO PRIMERO

Las personas que intentan refutar el sedevacantismo a menudo citan tres pasajes del Vaticano I. Responderemos específicamente a estos tres pasajes. Antes de hacerlo, debemos hacer hincapié en el hecho que acabamos de tratar: han habido largos períodos en que la Iglesia no ha tenido un Papa. Hemos mencionado el interregno de tres y medio años que ocurrió entre el Papa San Marcelino y el Papa San Marcelo.

Cuando el Papa San Gregorio VII murió el 25 de mayo de 1085, fue hasta casi dos años más tarde –el 9 de mayo de 1087 –que fue elegido su sucesor, el Papa Víctor III. El 25 de junio de 1243, el Papa Inocencio IV se convirtió en el sucesor N° 179 de San Pedro; sin embargo, su predecesor inmediato, el Papa Celestino IV, ya había muerto hace más de un año y medio –el 10 de noviembre de 1241. Más tarde, en el mismo siglo, los católicos tuvieron que esperar casi tres años para que la Iglesia, tras la muerte del Papa Clemente IV, el 29 de noviembre de 1268, nombrase al nuevo Papa, San Gregorio X, el 1 de septiembre de 1271. Se podrían citar otros ejemplos de interregnos de un año o más entre los Papas; el punto es que si bien la práctica común era transferir rápidamente el poder papal, hubo excepciones. En la crisis actual, por lo tanto, ciertamente no es la primera vez en que la Iglesia ha tenido que sufrir un período significativo sin un Papa.

 Ya hemos tratado de los antipapas que reinaron en Roma y que decían ser Papas, algo que vimos en el caso de Anacleto II y en el Gran Cisma de Occidente. También hay un axioma teológico, “nimás ni menos cambia la especie; un cambio de grado no afecta el principio”. Si la Iglesiaoperdióla no fall perpetua sucesión papal por una vacancia de tres años y siete meses, entonces la Iglesia no fallará o perderá la sucesión papal perpetua durante una vacancia de cuarenta o más años. El principio es el mismo, a menos que exista una enseñanza específica de la Iglesia que declare un límite al interregno papal.

Debido a que no hay enseñanza que ponga un límite a tal interregno papal (un período sin un Papa), y puesto que las definiciones del Vaticano I sobre la perpetuidad del oficio papal no hacen ninguna mención en absoluto acerca de las vacancias papales o por cuánto tiempo podrían durar, entonces, si fuere cierto que las definiciones del Vaticano I refutan la posición sedevacante (como algunos dicen), entonces también refutarían, cada vez que la Iglesia se encuentre sin un Papa, la indefectibilidad de la Iglesia católica. Pero, por supuesto, esto es imposible y ridículo.

Por lo tanto, con el fin de ser consistentes, los anti-sedevacantistas que citan al Vaticano I en contra de la “tesis”sedevacante, deben argumentar que la Iglesia nunca puede estar sin un Papa, ni siquiera por un solo momento (un absurdo evidente). Pero esto es exactamente lo que argumenta uno de ellos en un muy interesante pero errado artículo. Esto sirve para revelar el profundo prejuicio y los errores esenciales de su posición: Chis Ferrara, la campaña "Oposición Savacantista", Catholic Family News, agosta de 2005. La Iglesia nuca. p- ni. 19: por un "momento, en su historia ha estado sin ningún sucesor de Pedro válidamente elegido tras la muerte de su predecesor válidamente elegido"40.

Esto es obviamente absurdo y completamente falso. El autor sabe que esto es falso porque, en la siguiente frase, declara:

Ferrara:Dehecho, “el interregno más largo entre dos Papas de la historia de la Iglesia fue de sólo dos años y cinco meses, entre la muerte del Papa Nicolás IV (1292) y la elección del Papa Celestino41. V (1294)”

En primer lugar, el interregno que él menciona no fue el más largo de la historia de la Iglesia (como vimos más arriba). En segundo lugar, él reconoce que la Iglesia ha existido por años sin un Papa. Es así que ha habido un buen número de “momentos”en la historia de la Iglesia donde ella se ha encontrado sin un Papa. ¿Por qué nos diría Ferrara que la Iglesia no puede estar sin un Papa “ni por un momento”cuando él sabe que esto no es cierto?

Ahora que se ha establecido el hecho de que la Iglesia sí puede estar sin un Papa durante un largo periodo, echemos un vistazo a los pasajes del Concilio Vaticano I:

  1. El Concilio Vaticano I declara que el papado es el fundamento visible y el principio perpetuo de la unidad Concilio Vaticano I, Constitución dogmática sobre la Iglesia de Cristo, sesión 4, 18 de julio deMas para1870:queelepiscopado“ mismo fuera uno e indiviso y la universal muchedumbre de los creyentes se conservara en la unidad de la fe y de la comunión por medio de los sacerdotes coherentes entre sí; al anteponer al bienaventurado Pedro a los demás Apóstoles, en él instituyó un principio perpetuo de una y otra unidad y un fundamento visible, sobre cuya fortaleza se construyera un templo eterno, y la altura de la Iglesia, que había de alcanzar el cielo, se levantara sobre la firmeza de esta fe”42.

Lo que Cristo instituyó en San Pedro (el oficio de Pedro) sigue siendo el fundamento visible y el principio perpetuo de unidad, INCLUSO HOY, Y CADA VEZ QUE NO HAY PAPA, y esto se demuestra cada vez cuando un católico sedevacante convierte a un “ortodoxo” acismáticola fe católica.

El católico (que es sedevacantista) cristianamente le informa al cismático oriental que él no está en la unidad de la Iglesia porque no acepta lo que Cristo instituyó en San Pedro (el oficio del papado), y no solamente eso, sino además porque no acepta lo que los sucesores de San Pedro han enseñado a lo largo de la historia de manera obligatoria (por ejemplo, el Concilio de Trento, etc.). Este es un claro ejemplo de cómo el oficio del papado todavía está en función –y funcionará para siempre –como el principio perpetuo de la unidad visible, distinguiendo a los verdaderos fieles de los falsos (y la verdadera Iglesia de la falsa). Esto sigue siendo verdadero aun cuando no hay Papa, y para los católicos que sostienen hoy en día el sedevacantismo. Esta enseñanza dogmática del Vaticano I no excluye los períodos cuando no hay un Papa ni tampoco se opone de manera alguna a la tesis sedevacante.

De hecho, mientras esta definición sigue siendo verdadera para el sedevacantista, debe quedar claro que, (por ejemplo, en esta época de la Gran Apostasía) ESTA DEFINICIÓN DEL VATICANO I

SÓLO PUEDE SEGUIR SIENDO VERDADERA PARA EL SEDEVACANTISTA (y no para los anti-sedevacantistas). ESTA DEFINICIÓN DEL VATICANO I RESPECTO AL PAPADO COMO SIENDO EL FUNDAMENTO VISIBLE Y EL PRINCIPIO PERPETUO DE LA UNIDAD CIERTAMENTE NO PUEDE SER APLICADA PARA LOS QUE ESTÁN BAJO BENEDICTO XVI, ya que el Vaticano II enseña todo lo contrario:

 Documento del Vaticano II, Lumen gentium, # 15:

“La Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro”43.

Vemos que el Vaticano II enseña que el papado no es el fundamento visible de la unidad de la fe y la comunión. Enseña que aquellos que rechazan el papado están en comunión con la Iglesia. Dado que esta es la enseñanza oficial de la secta del Vaticano II y sus antipapas, aquellos que se adhieren a ellos contradicen las enseñanzas del Concilio Vaticano I anteriormente citadas.

En segundo lugar, la enseñanza del Concilio Vaticano I sobre la perpetuidad del oficio papal sólo sigue siendo verdadera para el sedevacante porque ¡Benedicto XVI enseña explícitamente que no es esencial para la unidad aceptar el papado!

 Benedicto XVI, Principios de la Teología Católica (1982), pp. 197-198:De partede occidente, la exigencia máxima sería que oriente reconociera la primacía del obispo de Roma en todo el ámbito de la definición de 1870 [Vaticano I] y al hacerlo someterse en la práctica, a una primacía como ha sido aceptada por las iglesias uniatas. (Con…)respecto al protestantismo, la exigencia máxima de la Iglesia católica sería que los ministros eclesiales protestantes sean considerados como totalmente inválidos y que los protestantes se conviertan al catolicismo (…) ningunas de estas máximas soluciones ofrecen una esperanza real de unidad44.

 

Ya hemos mostrado –pero era necesario citarlo de nuevo aquí –que Benedicto XVI menciona específicamente –y luego rechaza abiertamente –la enseñanza tradicional de la Iglesia católica de que los protestantes y los cismáticos orientales deben ser convertidos a la fe católica y aceptar el Vaticano I (“todo el ámbito de la definición de 1870”) para la unidad y la salvación. Él rechaza específicamente que la definición dogmática del Concilio Vaticano I (aceptar el papado, etc.) es obligatoria para la unidad de la Iglesia. Además del hecho de que este es otro claro ejemplo de la herejía manifiesta de los antipapas del Vaticano II, ¡esto prueba que BENEDICTO XVI (EL HOMBRE QUE ACTUALMENTE ELLOS DICEN QUE ES EL “PAPA”) NIEGA EL MISMO DOGMA DEL VATICANO I QUE SIRVE DE FUNDAMENTO PARA ESTA OBJECIÓN DE LOS ANTI-SEDEVACANTISTAS!

 

  1. El papado perdurará para siempre Vaticano I, Constitución dogmática sobre la Iglesia de Cristo, sesión 4, cap. 2: “Lo que Cristo Señor, príncipe de los pastores y gran pastor de las ovejas, instituyó en el bienaventurado Apóstol Pedro para perpetua salud y bien perenne de la Iglesia, menester es que dure perpetuamente por obra del mismo Señor en la Iglesia que, fundada sobre la piedra, tiene que permanecer firme hasta la consumación de los siglos”45.

 

Sí, lo que Cristo instituyó en San Pedro (es decir, el oficio del papado) debe permanecer para siempre hasta el final de los tiempos. ¿Qué es el oficio papal? El oficio papal es el oficio de San Pedro ejercido por todo verdadero y legítimo obispo de Roma. Esto significa y garantiza que cada vez que hay un ocupante verdadero y válido del cargo, él está dotado por Cristo con la infalibilidad (es decir, en su capacidad docente autoritaria y obligatoria), y con la jurisdicción suprema sobre la Iglesia universal, para que sea efectivamente el jefe visible de la Iglesia. Esto sigue siendo cierto para todo ocupante verdadero y legítimo del oficio papal hasta el final de los tiempos. Esto no quiere decir que la Iglesia siempre tendrá un ocupante del oficio papal (como lo prueba la historia de la Iglesia y las vacancias papales de más de 200 veces), ni tampoco significa que sea imposible que un antipapa reine desde Roma (como fue el caso del antipapa Anacleto II, que reinó en Roma desde 1130-1138). Esta definición no prueba nada a favor de los anti-sedevacantistas, por lo tanto, continuemos.

 

  1. Pedro tendrá perpetuos sucesores en su primado sobre toda la Iglesia universal Papa Pío IX, Primer Concilio Vaticano, sesión 4, cap. 2, [canon]. “Si alguno, pues, dijere que no es de institución de Cristo mismo, es decir, de derecho divino, que el bienaventurado Pedro tenga perpetuos sucesores en el primado sobre la Iglesia universal; o que el Romano Pontífice no es sucesor del bienaventurado Pedro en el mismo primado, sea anatema”46.

 

Este es el canon favorito de aquellos que se oponen a la “tesis” nosedevacante;obstante,como veremos, también no prueba nada a favor de su falsa posición. Las palabras y distinciones son muy importantes. El entender las distinciones y las palabras a menudo hace la gran diferencia entre el protestantismo y el catolicismo.

El canon del Vaticano I condena a aquellos que niegan “que Pedro tenga perpetuos sucesores en el primado sobre la Iglesia universal”. Nóteselafraseperpetuos“ sucesores EN EL PRIMADO”. Esto, como hemos visto, no significa y no puede significar que siempre tendremos un Papa. Por eso no dice que “siempre tendremos un Papa”.Es un hecho que han existido periodos sin un Papa. Entonces, ¿qué significa el canon?

 

Para comprender este canon, debemos recordar que hay cismáticos que sostienen que al mismo San Pedro le fue dado por Jesucristo el primado sobre la Iglesia universal, pero que el primado sobre la Iglesia universal terminó con San Pedro. Ellos sostienen que los obispos de Roma no son los sucesores del mismo primado que tuvo San Pedro. Ellos sostienen que la fuerza de hecho y derecho del primado no desciende a los Papas, a pesar que ellos sean los sucesores de San Pedro como obispos de Roma. De nuevo: los “ortodoxos”cismáticos admitirían que los obispos de Roma son sucesores de San Pedro, en cierto modo, debido a que son sucesores como obispos de Roma, pero no son sucesores con la misma primacía jurisdiccional sobre la Iglesia universal que tuvo San Pedro en su vida. Esta es la herejía de la cual trata el canon arriba citado.

 

Esta herejía – que niega que un Papa sea el sucesor del San Pedro con el mismo primado perpetuamente (es decir, cada vez que haya un Papa hasta el final de los tiempos, él será un sucesor en el mismo primado, con la misma autoridad que gozó San Pedro) –es precisamente lo que condena este canon.

 

Papa Pío IX, Primer Concilio Vaticano, sesión 4, cap. 2, [canon]. “Si alguno, pues, dijere que no es de institución de Cristo mismo, es decir, de derecho divino, que el bienaventurado Pedro tenga perpetuos sucesores en el primado sobre la Iglesia universal; o que el Romano Pontífice no es sucesor del bienaventurado Pedro en el mismo primado, sea anatema”47.

 

Cuando entendemos bien esto, se ve claramente cuál es el significado de este canon. Esto se acentúa al final con las palabras “o que el Romano Pontífice no es el sucesor del bienaventurado Pedro en el mismo primado, sea anatema”. El canonno está declarando que siempre vamos a tener un Papa o que no habrá vacíos, como claramente lo hemos tenido. El significado del canon se desprende por lo que dice. Condena a aquellos que niegan que Pedro tenga sucesores perpetuos en el primado –es decir, aquellos que niegan que cada vez que haya un verdadero y legítimo Papa hasta el final de los tiempos, él será un sucesor en el mismo primado, con la misma autoridad que gozó San Pedro.

 

Este canon no prueba nada a favor de los anti-sedevacantistas, pero sí prueba algo para nosotros. ¡Recuerden, Benedicto XVI también rechaza este dogma sobre el primado de los Papas!

 BENEDICTO XVI RECHAZA TOTALMENTE ESTE CANON Y EL VATICANO I

Benedicto XVI, Principios de Teología Católica (1982), p. 198:Tampocoes posible, por otra parte, que se considere como la única forma posible y, en consecuencia, sea obligatoria para todos los cristianos la forma que tomó esta primacía en los siglos XIX y XX [Nota del autor: esto significa que los cismáticos no necesitan aceptar el Vaticano I].Los gestos simbólicos del Papa Pablo VI y, en particular, el haberse arrodillado ante el representante del patriarca ecuménico [el patriarca cismático Atenágoras] fueron un intento de expresar precisamente esto y, por tales gestos, señalar el camino para salir del impase histórico, (En…)otras palabras, Roma no debe exigir más de oriente con respecto a la doctrina de la primacía que como había sido formulada y vivida en el primer milenio. Cuando el Patriarca Atenágoras [elcismático no católico], el 25 de julio de 1967, con motivo de la visita del Papa a Fanar, lo designó como siendo el sucesor de San Pedro, como el más estimado de entre nosotros, como el que preside en la caridad, este gran líder de la Iglesia estaba expresando el contenido eclesial de la doctrina de la primacía como había sido conocida en el primer milenio. Roma no tiene por qué pedir más48.

Esto significa, una vez más, que, según Benedicto XVI, todos los cristianos no están obligados a creer en el papado tal como fue definido en el Concilio Vaticano I en 1870.Esto significa que los “ortodoxos”cismáticos sí pueden rechazar el papado. Esto es una negación flagrante del Concilio Vaticano I y de la necesidad de aceptar la primacía por parte de aquel que afirma ser “el Papa”. ¿Quién clamará en contra de esta demencia abominable?

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, sesión 4, todoscaplos.fieles3, ex cathedra de Cristo deben creer que ‘la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice poseen el primado sobre todo el orbe, y que el mismo Romano Pontífice es sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, y verdadero vicario de Jesucristo y cabeza de toda la Iglesia, (Enseñamos,…) por ende, y declaramos, que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras (…)Tal es la doctrina de la verdad católica, de la que nadie puede desviarse sin menoscabo de su fe y su salvación49.

Por otra parte, nótese que Benedicto XVI reconoce que los gestos simbólicos de Pablo VI con el patriarca cismático “fueron un intento de expresar precisamente esto”,¡es decir, sus gestos (como arrodillarse ante el representante no católico, el cismático patriarca Atenágoras) expresaron que los cismáticos no necesitan que creer en el papado y en el Vaticano I! Consideren esto como una prueba contundente de todo lo que hemos dicho con respecto a los gestos continuos de Juan Pablo II hacia los cismáticos, por ejemplo: darles reliquias, darles ofrendas, elogiar susglesias“i”,sentarse a rezar en igualdad con ellos, firmar declaraciones comunes con ellos, levantar las excomuniones contra ellos.

Hemos señalado una y otra vez que con estas solas acciones (ni siquiera considerando sus otras declaraciones) constituyen una demostración de que ellos enseñan que los cismáticos no tienen que aceptar el dogma del papado. Innumerables falsos tradicionalistas y miembros de la Iglesia del Vaticano II lo niegan y tratan de explicar estos gestos como meramente escandalosos u otra cosa, pero no heréticos en sí. Bueno, aquí tenemos a Ratzinger –ahora Benedicto XVI como nuevo “jefe”de la Iglesia del Vaticano II –admitiendo precisamente lo que hemos dicho. En la sección sobre las herejías de Benedicto XVI, hemos cubierto con gran detalle sus otras negaciones del Vaticano I. No vamos a repetirlo todo aquí; por favor consulte esa sección al respecto.

Por lo tanto, por favor dígame, querido lector: ¿Quién realmente niega el Concilio Vaticano I? ¿Quién niega los dogmas sobre la perpetuidad, la autoridad y las prerrogativas del oficio papal? ¿Quién niega lo que Cristo instituyó en San Pedro? ¿No son acaso los sedevacantistas los que señalan acertadamente que aquella persona que niega el Vaticano I esta fuera de la Iglesia, fuera de la unidad –puesto que él rechaza, entre otras cosas, el principio perpetuo de la unidad que es el papado –y, por lo tanto, esa persona no puede ocupar ningún cargo ni dirigir una Iglesia en la cual él mismo no cree?

San Roberto Belarmino (1610), Doctor deUn laPapa queIglesia:semanifiestehereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser Papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción”.

San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia:

De hecho, sería uno de los más extraños monstruos que podrían verse –si la cabeza de la Iglesia no fuera de la Iglesia50.

¿O acaso los verdaderos negadores del papado y del Vaticano I no son aquellos que profesan la unión con aquel que claramente ni siquiera cree en el Concilio Vaticano I, aquel que ni siquiera cree que el papado y el Vaticano I sean obligatorios para todos los cristianos; aquel que ni siquiera cree que el papado era aceptado en el primer milenio?

La respuesta es evidente para cualquier persona sincera y honesta que considere estos hechos. Es el antipapa Benedicto XVI, y todos los que obstinadamente insisten en estar en unión con él, quienes niegan el papado; los verdaderos fieles al papado y de la unidad de la Iglesia son los sedevacantistas.

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, sesión 4, todoscaplos.fieles3, ex cathedra de Cristo deben creer que ‘la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice poseen el primado sobre todo el orbe, y que el mismo Romano Pontífice es sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, y verdadero vicario de Jesucristo y cabeza de toda la Iglesia, (Enseñamos,…) por ende, y declaramos, que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras (…)Tal es la doctrina de la verdad católica, de la que nadie puede desviarse sin menoscabo de su fe y su salvación49.

Por otra parte, nótese que Benedicto XVI reconoce que los gestos simbólicos de Pablo VI con el patriarca cismático “fueron un intento de expresar precisamente esto”,¡es decir, sus gestos (como arrodillarse ante el representante no católico, el cismático patriarca Atenágoras) expresaron que los cismáticos no necesitan que creer en el papado y en el Vaticano I! Consideren esto como una prueba contundente de todo lo que hemos dicho con respecto a los gestos continuos de Juan Pablo II hacia los cismáticos, por ejemplo: darles reliquias, darles ofrendas, elogiar susglesias“i”,sentarse a rezar en igualdad con ellos, firmar declaraciones comunes con ellos, levantar las excomuniones contra ellos.

Hemos señalado una y otra vez que con estas solas acciones (ni siquiera considerando sus otras declaraciones) constituyen una demostración de que ellos enseñan que los cismáticos no tienen que aceptar el dogma del papado. Innumerables falsos tradicionalistas y miembros de la Iglesia del Vaticano II lo niegan y tratan de explicar estos gestos como meramente escandalosos u otra cosa, pero no heréticos en sí. Bueno, aquí tenemos a Ratzinger –ahora Benedicto XVI como nuevo “jefe”de la Iglesia del Vaticano II –admitiendo precisamente lo que hemos dicho.

En la sección sobre las herejías de Benedicto XVI, hemos cubierto con gran detalle sus otras negaciones del Vaticano I. No vamos a repetirlo todo aquí; por favor consulte esa sección al respecto.

Por lo tanto, por favor dígame, querido lector: ¿Quién realmente niega el Concilio Vaticano I? ¿Quién niega los dogmas sobre la perpetuidad, la autoridad y las prerrogativas del oficio papal? ¿Quién niega lo que Cristo instituyó en San Pedro? ¿No son acaso los sedevacantistas los que señalan acertadamente que aquella persona que niega el Vaticano I esta fuera de la Iglesia, fuera de la unidad –puesto que él rechaza, entre otras cosas, el principio perpetuo de la unidad que es el papado –y, por lo tanto, esa persona no puede ocupar ningún cargo ni dirigir una Iglesia en la cual él mismo no cree?

San Roberto Belarmino (1610), Doctor deUn laPapa queIglesia:semanifiestehereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser Papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción”.

San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia: “De hecho, sería uno de los más extraños monstruos que podrían verse –si la cabeza de la Iglesia no fuera de la Iglesia50.

¿O acaso los verdaderos negadores del papado y del Vaticano I no son aquellos que profesan la unión con aquel que claramente ni siquiera cree en el Concilio Vaticano I, aquel que ni siquiera cree que el papado y el Vaticano I sean obligatorios para todos los cristianos; aquel que ni siquiera cree que el papado era aceptado en el primer milenio?

La respuesta es evidente para cualquier persona sincera y honesta que considere estos hechos. Es el antipapa Benedicto XVI, y todos los que obstinadamente insisten en estar en unión con él, quienes niegan el papado; los verdaderos fieles al papado y de la unidad de la Iglesia son los sedevacantistas.

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 1870, sesión 4, todoscaplos.fieles3, ex cathedra de Cristo deben creer que ‘la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice poseen el primado sobre todo el orbe, y que el mismo Romano Pontífice es sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, y verdadero vicario de Jesucristo y cabeza de toda la Iglesia, (Enseñamos,…) por ende, y declaramos, que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras (…)Tal es la doctrina de la verdad católica, de la que nadie puede desviarse sin menoscabo de su fe y su salvación49.

Por otra parte, nótese que Benedicto XVI reconoce que los gestos simbólicos de Pablo VI con el patriarca cismático “fueron un intento de expresar precisamente esto”,¡es decir, sus gestos (como arrodillarse ante el representante no católico, el cismático patriarca Atenágoras) expresaron que los cismáticos no necesitan que creer en el papado y en el Vaticano I! Consideren esto como una prueba contundente de todo lo que hemos dicho con respecto a los gestos continuos de Juan Pablo II hacia los cismáticos, por ejemplo: darles reliquias, darles ofrendas, elogiar susglesias“i”,sentarse a rezar en igualdad con ellos, firmar declaraciones comunes con ellos, levantar las excomuniones contra ellos.

Hemos señalado una y otra vez que con estas solas acciones (ni siquiera considerando sus otras declaraciones) constituyen una demostración de que ellos enseñan que los cismáticos no tienen que aceptar el dogma del papado. Innumerables falsos tradicionalistas y miembros de la Iglesia del Vaticano II lo niegan y tratan de explicar estos gestos como meramente escandalosos u otra cosa, pero no heréticos en sí. Bueno, aquí tenemos a Ratzinger –ahora Benedicto XVI como nuevo “jefe”de la Iglesia del Vaticano II –admitiendo precisamente lo que hemos dicho.

 En la sección sobre las herejías de Benedicto XVI, hemos cubierto con gran detalle sus otras negaciones del Vaticano I. No vamos a repetirlo todo aquí; por favor consulte esa sección al respecto.

Por lo tanto, por favor dígame, querido lector: ¿Quién realmente niega el Concilio Vaticano I? ¿Quién niega los dogmas sobre la perpetuidad, la autoridad y las prerrogativas del oficio papal? ¿Quién niega lo que Cristo instituyó en San Pedro? ¿No son acaso los sedevacantistas los que señalan acertadamente que aquella persona que niega el Vaticano I esta fuera de la Iglesia, fuera de la unidad –puesto que él rechaza, entre otras cosas, el principio perpetuo de la unidad que es el papado –y, por lo tanto, esa persona no puede ocupar ningún cargo ni dirigir una Iglesia en la cual él mismo no cree?

San Roberto Belarmino (1610), Doctor deUn laPapa queIglesia:semanifiestehereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser Papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción”.

San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia:

“De hecho, sería uno de los más extraños monstruos que podrían verse –si la cabeza de la Iglesia no fuera de la Iglesia”50.

¿O acaso los verdaderos negadores del papado y del Vaticano I no son aquellos que profesan la unión con aquel que claramente ni siquiera cree en el Concilio Vaticano I, aquel que ni siquiera cree que el papado y el Vaticano I sean obligatorios para todos los cristianos; aquel que ni siquiera cree que el papado era aceptado en el primer milenio?

La respuesta es evidente para cualquier persona sincera y honesta que considere estos hechos. Es el antipapa Benedicto XVI, y todos los que obstinadamente insisten en estar en unión con él, quienes niegan el papado; los verdaderos fieles al papado y de la unidad de la Iglesia son los sedevacantistas.

 

 

 



 

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